La Brújula Despistada

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sábado, 15 de marzo de 2014

Caperucita Blanca

Cuando tienes un virus estomacal tus colores desaparecen del plato. Tu menú se descolore: sólo puedes comer arroz blanco (y caldoso), pavo (que no tiene más color), pan con aceite... Y yo, que llevo una semana así (y que ese menú no me ayuda a estar menos alicaída) recuerdo este cuentecito incluido en el libro Caperucita Roja, Verde, Amarilla, Azul y Blanca, de Bruno Munari y Enrica Agostinelli, aunque no ayude demasiado. Adivinad cuál.

***
Nunca se ha visto tanta nieve. Hoy, al despertar y abrir la ventana, nos ha cegado tanta blancura; la nieve caída durante la noche ha cubierto todo.
¡Nunca se ha visto tanta nieve!
Aun mirando con atención la nieve, no se consigue distinguir la caseta del perro, ni los arbustos de boj, ni el banco de piedra, ni el contorno de los parterres, ni el sendero que lleva al bosque. Aun abriendo bien los ojos, no se consigue ver nada.
En medio de la nieve se ven sólo los ojos de Caperucita Blanca.
"¿Cómo lograré ir a casa de la abuela Clara y llevarle los huevos, la leche y el azúcar que mi madre me ha preparado envueltos en un hatillo hecho con un paño blanco?"
Y la nieve continúa cubriéndolo todo. Caperucita Blanca camina lentamente por la nieve en dirección al bosque. Que todavía no se ve.
La nieve está muy blanca y Caperucita Blanca se hunde hasta las rodillas. Se encuentra con un pintor blanco, que ha perdido su caja de colores. Caperucita lo consuela y le sugiere ir a ver a Blancanieves para que le dé otra nueva.
Después de un rato caminando por la nieve, Caperucita Blanca oye un extraño aullido, pero no ve nada. ¿Será el lobo blanco?¿Dónde estará?¿Qué hará? Mientras tanto el lobo continúa aullando, pues está muy enfermo porque le ha dado una indigestión de abuelas y ahora sólo puede comer arroz blanco. Pero ¿dónde estará? No se ve nada. Tampoco el lobo ve a Caperucita, que continúa su camino por la nieve.
Caperucita Blanca ve un enorme montón de nieve: quizá la casa de la abuela esté bajo la nieve. Caperucita se abre paso a través de la nieve y encuentra un cartel escrito con tiza blanca, donde se lee:
Me he ido al África negra, regresaré en verano.
Adiós, no llores.
Caperucita enrojece por la sorpresa, pero por dentro está un poco verde por no haber encontrado a la abuela.
-¡Parece un cuento de misterio! -exclama. Y se encamina de vuelta a casa de su madre. Hace mucho frío y Caperucita está un poco morada, pero todo se arreglará cuando encuentre a su mamá. No se ha vuelto a ver al lobo.
Esta extraña historia os hará pasar la noche en blanco.
Y blancarín blancorado este cuento se ha terminado.

jueves, 20 de febrero de 2014

Un cuento al revés.

Abíah nau vez nau ñani que avivi en un blopue cacer de un quebos. Dotos le banmalla Tacirupeca Jarro, quepor su talibuea, que avivi en el troo dola del quebos, le abíah dojite nau paca con zarupeca jarro, y a la ñani le batagus totan que presiem la bavalla tapues.
Un adi, la mama de tacirupeca le jodi:
-Tajihi, tu talibuea taes maferen. Ve a su saca y levalle taes taces con soque, telpas y nau tarrija de miel. 
Y Tacirupeca dioponres:
-Sí, mama.
Y su mama dioñaa:
-Y no cescru el quebos. Hía vevi un bolo muy sogrolipe, sía que ten chomu dodacui.
Y Tacirupeca dioponres:
-Sí, mama.
Y liosa de nomica a saca de su talibuea. Rope docuan golle tojun al quebos, dociendebeodes a su drema, se tiome en el. Docuan bavalle donanmica un torra, guienal le togunpre:
-¿Dedon vas, Tacirupeca?
Tacirupeca se troconen con el bolo. A llae no le ciorepa tan sogrolipe moco ciade su mama, y la ñani dioponres:
-Voy a saca de mi talibuea, que taes talima.
-¿Y qué vaslle en sae tatices, Tacirupeca?
-Pues le volle soque, telpas y nau tarrija de miel.
Cestonen el bolo le togunpre:
-¿Y tu talibuea vevi muy josle?
-No -le dioponres Tairupeca- vevi quia cacer, al troo dola del quebos.
-Mosva a cerha nau soca, Tacirupeca.
Ve por see nomica, que es mas tocor, y yo rei por see troo, que es mas golar, a ver quien galle romepri.
-Leva -dioponres Tacirupeca Jarro.
Y Tacirupeca se fue por el nomica que le abiha docadiin el bolo, sedonientetreen dogienco nasu llascireflo rapa su labuea.
Trasmien, el bolo golle a la saca, y molla a la tapuer:
-¿Quién es? -togunpre la labuea.
-Soy Tacirupeca -totescon el bolo con voz dagifin.
-Sapa, tajihi -le jodi la talibuea.
Y el bolo troen de pegol y guiosiper a la labuea por dato la saca tahas que la rañose guiosicon sedercones en un riomaar. Entonces, el bolo se sopu un sonmica y el rogo de la talibuea y se tiome en la maca.
Copo puesdes golle Tacirupeca y molla a la tapuer.
-¡Sapa, sapa, tajihi! -jodi el bolo.
Tacirupeca troen y le dolusa:
-¡Laho, talibuea! Te gotrai nau tatices con soque, telpas y nau tarrija de miel.
-¡Qué bien! Lojade hia al dola, y tecacera, ñaquepe.
Tacirupeca se cocera a la maca.
-Talibuea, talibuea, ¡qué jasreo tan desgran nestie!
-Son rapa teiro jorme, Tacirupeca.
-Talibuea, talibuea, ¡qué joso tan desgran nestie!
-Son rapa tever jorme, Tacirupeca.
-Tablibuea, Talibuea, ¡y qué rizna más degran que nestie!
-Es rapa telero jorme.
-Y talibuea, talibuea, ¡qué cabo más grande tienes!
-¡Es rapa temerco jorme!
Y entonces el bolo se zolan breso la ñani, que liosa dorrienco y dotangri por dato la saca:
-¡Rocoso!¡Rocoso! -gritaba Tacirupeca.
Un dorñale que yoo los tosgri se acercó y briocudes al bolo dorrienco tras la ñani. Cestonen troen y diocusa un zochaha al bolo. Al sedar tacuen de que ya no biaha grolipe, la talibuea liosa de su tedicones y se nioure con su tanie. See adi rontaviin al dorñale a merco con llase lo que Tacirupeca abiha doitra.
Y rinloco doraloco tees tocuen se ha dobacaa.